UN POCO SOBRE MI

03/10/2016

Creo que lo lógico, antes de comenzar a escribir sobre muchas otras cosas, es hablar un poco de mí. Comenzar de nuevo desde cero este blog me da la oportunidad de presentarme debidamente ante todos los que me seguís.

 

Esto es como cuando de chico empezábamos una clase con muchos más niños nuevos, y uno a uno íbamos saliendo y diciendo quiénes éramos. Pues algo así, pero sin ser tan niño, y con algo más que contar.

 

 

Pues bien, mi nombre es ya sabido, Santiago Molina. Nacido en Ceuta y afincado en Sevilla desde hace ya años. Me vine a Sevilla en 2010 para cursar estudios en absoluto relacionados con la fotografía. Pero esta afición ya venía de antes, de mucho antes. Comenzó seguramente cuando mi padre me prestaba su cámara de fotos para que yo hiciera lo mío y me entretuviera. Recuero que esa cámara era de las primeras digitales que salieron al mercado. Era una Sony Digital Mavica, una cámara con aspecto de réflex, voluminosa, en la que se guardaban las fotos en disquetes donde sólo cabían 8 ó 9 fotos, imaginad eso hoy día. Es posible que ahí empezase todo. A partir de ese momento, fui trasteando con diferentes cámaras que tuvimos. Recuerdo otra de las primeras compactas de Canon pequeña y casi cuadrada, con una pantalla tan pequeña que no se cómo veríamos las foto, y una Sony Cybershot mas adelantada, ya con mas prestaciones.

 

Pero sobre todo recuerdo la Canon PowerShot SX200 de color burdeos que realmente era un regalo de cumpleaños para mi madre, pero que acabé usando yo de manera desproporcionada. Y digo de manera desproporcionada porque fue con esa cámara con la que comencé a mejorar fotográficamente hablando.

 

Fotografiaba lo que me gustaba, así de simple era.  Me la solía llevar cuando iba a ver algo, empecé a investigar, probar. Hacer una foto de maneras diferentes, a equivocarme y aprender. Tal fue la afición que fui dejando crecer que cuando me vine como he dicho antes a estudiar a Sevilla en 2010, mis padres me prometieron al finalizar mis estudios una cámara réflex. Supondréis que me la regalaron ¿no?. Si no, no estaría aquí.

 

Así que en el año 2012 tuve mi primera réflex, una Canon 600D. El típico pack que todo el mundo ha comprado. La cámara con los dos objetivos de serie, el 18-55 y el 55-250, junto con una bolsa y el trípode de plástico que bien podría usarse para detectar seísmos de lo inestable que era.

 

Y con esa cámara comencé a fotografiar, cada vez más y más, y cada vez mejor (también hay que decirlo). No sólo se trata de tirar muchas fotos, si no de aprender a hacer fotos. Poco a poco, los objetivos se fueron quedando cortos técnicamente, y la primera gran inversión llegó en las navidades de 2013, cuando me compré el 24-70 f2.8 y el 70-200 f2.8 de Sigma y el 50 mm f1.4 de Canon.

 

Repasando toda esta historia, se podría tomar como punto de partida de esta arriesgada apuesta de dedicarme a la fotografía el mes de Enero de 2014. Fue en la pasarela We Love Flamenco donde tuve la primera toma de contacto real de lo que es un trabajo de fotografía. Una pasarela donde la fotografía ha de ser rápida, los momentos son intensos y no da tiempo a dudar qué hacer con la máquina que tenemos entre las manos. Así empecé, y así seguí, apostando por la fotografía.

 

A partir de ese Enero de 2014 ¿qué hice?. Seguir trabajando, invirtiendo dinero en mejorar mi equipo y horas en ampliar conocimientos hasta el día de hoy. Y no penséis que una vez llegado aquí he parado de invertir y aprender. Todo lo contrario, siempre tendré una inversión que hacer, parte de mi equipo que mejorar o cambiar, conocimientos nuevos, autores a los que admirar su trabajo, siempre tendré una nueva fotografía por hacer, un nuevo trabajo en el que superarme.

 

He de decir que dar este paso no hubiera sido posible sin los ánimos y el impulso de las personas que me rodeaban ya que quizás,  por mi propia cuenta no me lo hubiera siquiera planteado. No era fácil hacer una apuesta tan arriesgada. Se me daba bien fotografiar y me gustaba, pero de ahí a intentar convertir esta afición en mi profesión era como saltar un abismo mucho más ancho de lo que mi impulso pudiera superar. Sin ayuda, no hubiera sido posible, y gracias a esa ayuda a día de hoy, os estoy escribiendo este pequeño prólogo.

 

No fue fácil, ni lo es ahora, ni lo será el día de mañana. Pero desde que comencé, ayer, hoy y mañana, siempre podré decir, que es un auténtico privilegio dedicarme profesionalmente a lo que me apasiona.

 

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