LA MUERTE DE LA FOTOGRAFÍA

15/11/2016

     Dicho así, el título de la entrada suena demoledor. Como diría José Mota ¿Y si sí?. Pensemos que no pero, ¿y si sí?. Y si, aunque no seamos conscientes, estamos presenciando la muerte de la fotografía. Una muerte silenciosa, prolongada y de la que prácticamente todos somos cómplices e incluso asesinos. 

 

     Hace aproximadamente un mes y pico leí una noticia. Mi reacción ante esta noticia fue la misma seguramente que la del resto de lectores. Incredulidad, sorpresa, pena, un largo etcétera de sensaciones y al final de todo este carrusel, una pregunta. ¿Y ahora qué?. La web española de referencia para todos los aficionados, profesionales y amantes de la fotografía en general ponía punto y final a su trayectoria. Quesabesde, cerraba sus puertas. Quince años después de comenzar su andadura se veían obligados a tomar esa decisión. ¿Cómo es posible? Una web de este calibre, con la posición destacada y los galones ganados a pulso. De la noche al día, leer una noticia así te hace pensar.

 

     Seguro que ha sido una decisión mas que meditada y mas aún dolorosa de afrontar. Suerte que parte de ese equipo decidió seguir con la manta liada a la cabeza y continuar ese mismo proyecto, con otro nombre, con otros aires, pero al fin y al cabo, el mismo concepto: periodismo fotográfico. Mantener informado al hombre de a pie de noticias, novedades, artículos de interés y todo cuanto nos hace perder el tiempo a los fotógrafos delante de un ordenador.

 

     Pero como bien dice el refrán, las tragedias nunca vienen solas. Y es que en esa misma semana, días antes al cierre de Quesabesde, fui como tantas otras veces a mi laboratorio de impresión para imprimir un pequeño encargo de fotos. Siempre, en el rato de enchufar el pen drive, seleccionar las fotos, encargar el tamaño, etc…siempre, como digo, charlaba con Alfredo, el feje. Hablábamos de que tal iba todo, si había mucho trabajo o poco, sobre algún viaje, o si había hecho tal o cual foto. El trato siempre fue cercano, desde el primer día en que ni me conocían y me acerqué a preguntar precios para imprimir fotos para una exposición. Desde entonces, Supra Sierpes se convirtió en mi laboratorio cada vez que necesitaba sacar en papel alguna foto.

 

     Lo que no me imaginaba era que en ese habitual intercambio de palabras entre foto y foto apareciera la frase “…pues vamos a cerrar tío”. Reconozco que no soy una persona demasiado expresiva, pero creo que durante algunos segundos mi cara tuvo que reflejar esa misma sucesión de incredulidad, sorpresa, pena, que desembocaron irremediablemente en un “no me jodas”. De nuevo la misma pregunta ¿Cómo es posible? La respuesta de Alfredo fue contundente: “la gente no imprime fotos”. No hay mucho margen para el debate ante esta afirmación. 

 

     La gente no imprime fotos. Es así. Las fotos se quedan en los discos duros, en los muros de facebook o las historias de instagram, se quedan en un móvil saturado de selfies. De ahí no salen. Se perdió por el camino ese proceso de regresar de un viaje y llevar con toda la ilusión los carretes a revelar. Ahora la ilusión por una foto se reduce a conseguir un numero de me gustas en facebook. Decir esto es generalizar, lo se. Y podría dedicar una sola entrada a escribir al respecto. Pero si hacemos un poco de examen de conciencia, reconoceremos que algo de cierto hay.

 

     ¿Será cierto que entre todos, estamos hiriendo de muerte a la fotografía? Cada uno en nuestra medida y con nuestras actitudes, ¿estamos poniendo nuestro grano de arena en esta “tragedia”? Uno de los grandes fotógrafos de la actualidad, Sebastião Salgado, aseguró en una entrevista reciente que la fotografía no viviría más de veinte o treinta años. Llegados hasta aquí, parece que la catástrofe está asegurada.

 

     La fotografía no pasa por sus mejores momentos, cierto es, pero por suerte siempre habrá optimistas, luchadores y personas que disfrutan y aman la fotografía casi como estilo de vida. Miles de fotógrafos que valoran su trabajo, se valoran a si mismos y hacen valorar sus fotos a sus clientes. Clientes que valoran un buen trabajo y saben apreciar la calidad por encima de la cantidad. Aficionados que dignifican este arte con sus fotos de lo cotidiano. Cada foto hecha con cariño es un regalo, cada foto impresa en papel es un pedazo de tiempo congelado del que poder disfrutar para siempre.

 

     El poder sentarse a observar una buena foto enmarcada, al tamaño que sea, apreciando cada detalle, es una de las mejores sensaciones para aquellos que nos gusta esto de fotografiar. Es como el punto final de un viaje que comienza al visualizar una foto en nuestra imaginación y termina materializándose en forma de tinta. ¿No os parece?

 

     No dejemos que muera. Démosle vida a la fotografía.

 

 

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