NUEVA YORK. SERIE EN B/N

23/11/2016

     Nueva York. La gran manzana. La ciudad que nunca duerme. Diferentes sobrenombres para un mismo lugar. Un macizo rocoso donde se erige una ciudad que ya desde lejos impone. Edificios altos, de ladrillo, de acero, fachadas acristaladas desde el suelo hasta el último piso. Es uno de esos destinos que figuran en las listas de ciudades que se tienen que ver antes de morir. 

 

     Para no esperar tanto, hace un par de semanas me dejé caer por allí, así como quien coge el coche para acercarse el pueblo más cercano a hacer fotos. Sólo que en vez de coche, se necesita un avión de esos que caben más de seis personas por cada fila, y por cercano, tan solo cinco mil kilómetros de viaje. Resumiendo, medio día viajando para llegar a Nueva York a media tarde, y ver caer el día desde el minibus que nos llevó desde el aeropuerto a nuestro apartamento con vistas al Empire State. 

 

     Hablo en plural porque la culpa de este viaje, como de cualquier otro de los que he hecho hasta la fecha, y como de tantas otras cosas la tiene ella, mi compañera de viaje, que siempre está ahí para empujarme, para ayudarme, servirme de apoyo cuando lo necesito, darme una idea en el momento justo o aguantar un flash en mitad de un trabajo. Ha tenido que insistir mucho en llevarme hasta Nueva York, pero al final lo ha conseguido.

 

     Desde el primer momento en que se propuso este viaje, mi respuesta siempre fue la misma, "¿qué hay que ver allí además de rascacielos y taxis amarillos?". Probablemente alguien en este momento se esté tirando de los pelos y calificando de ignorante mi comentario. Reducir la esencia de una ciudad a un concepto tan simple es un poco injusto. Por supuesto que hay mucho mas que rascacielos y taxis amarillos. También hay edificios no tan altos y coches de muchos mas colores. Excepto motos, curiosamente motos no he llegado a ver ninguna. Un taxista me dijo que no hay motoristas por Nueva York porque es peligroso, y me lo creo. ¿Se entiende la ironía? ¿Si verdad?

 

     Si habéis dejado de tiraros de los pelos por eso de los rascacielos y los taxis, os diré que por supuesto se que Nueva York es una ciudad con mucho mas que ofrecer. Hay testigos que pueden confirmar que siempre dije que me gustaría visitar la ciudad y que seguramente me encantaría fotografiar todo lo que viera allí. Y así ha sido. Mis gustos al viajar son otros, lo reconozco, pero descubrir y disfrutar de experiencias totalmente nuevas, totalmente opuestas a lo que me gusta forma parte de viajar. Viajar enriquece, alguna vez lo he dicho. 

 

     Encontrarme allí, mirando por una ventana al Empire State, caminando por Central Park, ver y disfrutar del ambiente de la Maratón, cruzar el puente de Brooklyn, y un largo etcétera de cosas, se podría describir con un sólo adjetivo: abrumador. El primer día, tras soltar las maletas no había tiempo que perder y salimos a pasear por Times Square, y creo que por el camino miré al suelo lo justo para no tropezarme. El ambiente te envuelve. El olor a perritos calientes de los puestos ambulantes, el vapor que sale por las alcantarillas, los vendedores ofertándote entradas para musicales, los edificios sólidos de ladrillo rojizo intercalados con pantallas inmensas que anuncian eventos, marcas, mas musicales... 

 

     Ese primer día en suelo neoyorkino cuando nunca antes se ha estado, es como sufrir el síndrome de Stendhal en una versión urbana y moderna. Quizás lo primero que se le viene a uno a la memoria es cualquier escena de película de las muchas que se han rodado allí. Al caminar por las calles, puede sorprender que entre tanto caos, haya orden. No se tarda demasiado en adaptarse a la ciudad y su forma de hacer las cosas. Aviso para los despistados, para orientarse en Nueva York sólo hay cuatro direcciones posibles, o vas al Este o al Oeste; o vas a la parte alta de la ciudad (uptown) o vas a la parte baja de la ciudad (downtown). 

 

     Al igual que en otros viajes, hay ciertas fotos que tengo en mente hacer, de localizaciones que previamente he buscado o me han parecido interesantes, pero por lo demás, no planeo demasiado las fotos. En un viaje creo que debe haber hueco para la improvisación. No hay que olvidar que viajamos para disfrutar, descubrir cosas nuevas, sensaciones y experiencias nuevas, y todo esto, siento decir que no se puede planear. 

 

     Aunque hay cosas que si se deben planear, por ejemplo nuestro equipo. Asi que como en los anteriores viajes me llevé mi Canon 5D mkIII junto con un 24-70 y un 70-200, ambos en una mochila cómoda y de aspecto deportivo, con huecos para meter una botella de agua, y un compartimiento superior para doblar y meter el abrigo si lo necesito. En resumen, algo cómodo. Pero ésta vez quise llevarme también a la pequeña compacta de la familia, mi Canon G1X mkII, ligera, pequeña y con una sorprendente calidad. ¿Por qué? Porque sabía que habría días y ocasiones en las que tenía pensado ir completamente libre de mochila y peso alguno. Puedo decir que ha sido una buena decisión. La portabilidad de esta compacta, junto a varias funciones propias de la G1 que no tengo en la 5D me han permitido hacer algunas fotos en ciertos sitios con una facilidad y rapidez que a veces hay que tener mas en cuenta a la hora de viajar. No se trata de viajar con todo el equipo en la mochila, cargando con accesorios y elementos pesados e innecesarios. Algo que te da la experiencia y documentarse debidamente en los viajes, es saber qué equipo llevar en función de las fotos que vamos a querer hacer, tratando de ir lo más cómodo posible. Hablar de esto da para otra entrada completa en el blog. 

 

     Regreso por tanto muy contento con todas las fotografías que he realizado y la manera en las que las he realizado. No es que no esté satisfecho con las fotos que he hecho en otros viajes, para nada, tan solo que en éste he tenido la sensación de contar con ese factor suerte que otras veces se echa en falta. Ya sabéis, ese típico cielo azul lleno de nubes, esa luz dando de lleno sobre el lugar oportuno, etc...

 

     Y llega la hora de las fotos. Quiero compartir esta pequeña selección de veinte fotos, todas ellas originalmente a color, pero que por alguna razón, al ir repasándolas en la pantalla del ordenador, sentí la curiosidad y enorme necesidad de pasarlas a blanco y negro. Y éste es el resultado. Una perspectiva diferente de una gran ciudad llena de color y contrastes simplificada a su versión monocromática.

 

     Espero que os gusten tanto como a mi.

 

 

 

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