¿POR QUÉ NO USÉ MI 50 MM DURANTE TRES AÑOS?

30/11/2016

     ¿Por qué no usé mi 50mm durante casi tres años?. Es la pregunta que me he llegado a hacer y que merece una respuesta coherente que os haga entender este por qué. Y para intentar explicar el motivo, hay que empezar por el principio.

     “Diez razones para tener un 50mm entre nuestro equipo”. Que levante la mano quien no haya leído un articulo con este título en cualquier blog o pagina especializada al respecto. El objetivo perfecto para retratos, o las ventajas sobre la luminosidad son dos de las razones mas extendidas y conocidas por todo conocedor de la materia que se precie. Con tantos motivos de peso ¿quién es el listo que no se siente seducido ante tal joya?

 

Yo caí en el consumismo. No podía ser menos. Además, he de ser sincero, me resultaba atractivo tener un 50 mm. Tirando de catálogo, el abanico de posibilidades se ampliaba a tres opciones en función de la luminosidad, el 50mm f1.8 , el más económico de toda la gama; el f1.4 más caro, mejor construcción y quizás el que ocupa la mayoría de mochilas de fotógrafos; y el tope de gama de la marca, el f1.2, inaccesible para la mayoría de mortales. Así que me llevé para casa el Canon 50mm f1.4. Era una persona feliz.


     De esto hará algo más de tres años. Me di cuenta al poco de usarlo, que me había comprado un objetivo para tenerlo guardado en la mochila. Tal como suena. Una tontería más de las que uno hace sin saber demasiado en los comienzos. Pero ¡ojo! No me arrepiento de haberlo comprado en ese momento.


     Para que se entienda la situación pondré un ejemplo tan absurdo como claro. Imaginad que os compráis un Aston Martín con la L del carnet todavía recién salida del horno. Imaginad que os compráis unas zapatillas de tacos para correr en pista cuando todavía no aguantáis ni tres kilómetros seguidos corriendo. ¿Me explico? ¿Todavía no? Imaginad que os compráis un libro en inglés y no sabéis ni lo que significa Hello. No son compras innecesarias, tan solo prematuras. Quiero decir con esto que me compré un 50 mm cuando todavía no estaba preparado para una distancia focal fija.


     ¿Y como es posible no estar preparado para una distancia focal fija? Principalmente porque el zoom soy yo mismo. O me acerco o me alejo de aquello que estoy fotografiando, y esto que se dice tan fácil, hacerlo no lo es tanto. Hay situaciones que no me permiten apenas moverme y sentirme limitado no me hacía ninguna gracia. He de decir que por aquel entonces mi cámara era una 600D de Canon, con sensor APS-C, por lo que realmente me manejaba en una distancia de 85 mm. Un poco complicado.

     Teniendo en cuenta este hándicap de acercarse o alejarse, añadimos que la composición de la escena con un objetivo fijo se hace muy complicada. Ya de por si lo es, y requiere una claridad a la hora de pensar e imaginar la escena. ¿Recordáis el Aston Martín con el carnet recién sacado? No conducimos, el coche nos domina. Una óptica fija al principio nos domina. Me sentía incapaz de hacer algo decente con este objetivo. Lo intenté, me obligue a salir a fotografiar con el, pero la realidad era cruda. Y quedó degradado de joya de la corona a bulto en la mochila. 

     De la luminosidad f1.4 no voy a hablar mucho. Ese f1.4 era como el juguete nuevo con el que uno no deja de jugar día y noche. Daba igual si eran las doce del medio día y la luz deslumbraba, tenía que abrir el diafragma al máximo para probar. Hacía desenfoques en cualquier lado. A veces con un sentido, y otras veces por probar simplemente. Esto traía otro problema, la escasa profundidad de campo, los pocos puntos de enfoque de mi cámara provocaban que al reencuadrar a veces cometiera ese error de coseno tan extendido y tan poco conocido por su nombre. La foto no era todo lo nítida que debiera. 


     Y así pasaron los días, semanas y meses. Tenía un grandísimo objetivo y era incapaz de sacarle el máximo rendimiento. Hasta que sentí que llegó de nuevo su día. Ya tenía las suficientes fotos a mis espaldas, una visión más educada y más capacidades para usar con seguridad este gran objetivo. Consideré oportuno “quitarle el polvo” y sacarlo de nuevo a paseo. Me lo llevé a ciertos trabajos, lo monté de nuevo en la cámara y lo llevé en el bolso cuando salía a la calle. Lo que antes era un suplicio, ahora era más fácil.  Donde antes quería fotografiarlo todo, ahora tenía más claro qué fotografiar y cómo. Lo que antes me limitaba, ahora ni me acordaba de que un día fue una traba. 

 

     Hoy por hoy, según lo que quiera, a veces monto el 50mm en mi 5D mkIII y a veces lo monto en mi 7D mkII. La cuestión es que, puedo confirmar y confirmo el gran objetivo que es. No es algo que no supiera antes, simplemente era algo que no era capaz de alcanzar antes. Ahora vuelve a tener su sitio en mi bolso de calle, tiene su hueco en ciertos trabajos, y lo mas importante, vuelvo a disfrutar de este objetivo.

 

     Con todo esto, no os quiero quitar razones para tener un 50 mm o cualquier otro capricho. Creo que habréis podido notar que estoy encantado con este objetivo. Lo que quiero transmitir es, que todo tiene su momento, y del mismo modo que muchos comenzamos con una cámara básica, y poco a poco vamos engordando la lista de deseos cada vez que vemos algún preciado tesoro fotográfico, hay accesorios, cámaras, objetivos que no llegamos a controlar ni disfrutar. Todo llega. No impacientad y disfrutad de vuestra etapa de rodaje. Disfrutad de vuestra pequeña cámara, vuestros objetivos de serie, ahorrad, y cuando sintáis que el momento de dar el salto ha llegado, saltad. 

 

 

 

Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Please reload

  • Instagram - White Circle
  • Facebook - White Circle
  • Vimeo - White Circle
  • YouTube - White Circle
  • Twitter Clean
Búsqueda por etiquetas
Entradas Recientes

30/11/2018

03/09/2018

Please reload

Sígueme
Please reload

© Fotografía Santiago Molina · SEVILLA · 2018

 

INFO@FOTOSANTIAGOMOLINA.COM · 636 30 32 65

  • Instagram - White Circle
  • Facebook - White Circle
  • LinkedIn - White Circle