ESOS DIAS MARCADOS EN ROJO

09/01/2017

     Existen fechas a lo largo del calendario, que se marcan en rojo para no olvidar, y que por mucho que pasen los años, se siguen esperando con ilusión, con ganas, con impaciencia por tachar con una X el día señalado. 

 

     A los que os gusta el fútbol será el comienzo de la liga, el famoso clásico, la final de la champions...A los ciclistas no se les pasa por alto cuándo empieza el Giro, el Tour y la Vuelta...A los fanáticos del motor a dos ruedas ya estarán ahorrando para acudir a Jerez, y a los de cuatro ruedas están calculando cuánto les va a costar un fin de semana en Barcelona para ver la F1. Todos tenemos una serie de fechas en nuestro personal calendario.

 

     En mi caso, al comenzar el año, una de esas fechas se refiere a lo cofrade. Sabéis que me gusta, la Semana Santa y todo lo que la envuelve. Me gusta, desde que tengo uso de razón, y desde ese momento ya ha pasado un poco de tiempo. Por tanto la fotografía cofrade es una de mis mayores aficiones. Es un tipo de fotografía donde pongo todo el corazón en cada foto. Creo que hasta aquí no hay nada nuevo que como mínimo no hubiera contado antes o no imaginaseis.

 

     En enero, al comenzar cada nuevo año, cuando todavía nos seguimos equivocando al escribir la fecha en un documento y tenemos que borrar el seis para poner un siete, en la Iglesia del Salvador, el Señor de Pasión recorta los metros que le separan del pueblo, y baja al suelo de Sevilla.

 

     Es esta, una de esas fechas señaladas en mi calendario. Lo es porque Él lo merece. Y no soy persona de misa diaria, ni semanal, ni de rezos ni súplicas, ni de acudir a templos a buscar confesión o diálogo. La fe y la devoción son algo tan personal que sólo yo necesito entenderla. Pero hay lugares, en los que mi tiempo se detiene y todo pasa a un segundo plano. Hay sitios a los que me gusta ir a pensar, a relajarme, a minimizar cualquier pensamiento que me traiga de cabeza. Hay sitios en los que me siento a mirar al Señor y no hay nada mas que importe. 

 

     La capilla sacramental de la Iglesia del Salvador es uno de esos sitios. Pequeña, recogida e íntima, es el hogar que habita Dios. El Señor de Pasión es buen testigo del paso del tiempo. Sus hombros vencidos llevan soportando cuatro siglos de ruegos, en su mirada cabe mucha fe, y en el desgaste de sus talones está la prueba de la devoción de quienes acuden ante Él a mirarle a los ojos.

 

     Sentarme allí, es para mi un privilegio. Quien pueda comprenderlo que lo comprenda. Quien no, que lo respete. Será cierto eso que dijo Barbeito en su pregón que todos necesitamos "un Dios con domicilio, un Dios con consulta en la tierra, no un vacío lejano donde se pierden las preguntas."

 

     Es por todo esto que acudir allí a hacer fotos del besapiés del Señor de Pasión es una visita ineludible. Cada año lo mismo se podría pensar, pero siempre diferente. Cada año es una oportunidad para repetir la foto que siempre me gusta hacer, y la que todavía no he hecho. 

 

     Pasará el tiempo, y siempre me sentiré afortunado de poder hacer las fotos que me inspiran, las mas personales, las que repito cada año en los mismos lugares, con los mismos protagonistas. Siempre los mismo, siempre diferente.

 

 

 

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