BURGOS

07/09/2017

     Como ya supongo que sabréis, durante éste verano he estado por el note de España, disfrutando de una climatología de la que me gusta. Fresquete y cielos encapotados, que no viene nada mal en estas fechas. A pesar de haber tenido la playa siempre a escasos cinco minutos de paseo, no soy esa clase de persona que ansía la llegada del verano para inundar instagram con felices postales playeras.

 

     Así que, plan B, huir del sol y de cielos despejados. La primera opción fue Noruega, alguna pequeña ruta por la zona costera de Bergen o escapar mas al norte hacia las archiconocidísimas y visitadísimas Islas Lofoten. Si buscáis ambos destinos en el mapa veréis que hay unos cuantos kilómetros entre ambos, así que ante la duda de qué ciudad visitar, entre mi pareja y yo optamos por un punto intermedio. Así que nos fuimos al norte de España. Una ruta por Burgos - Cantabria - Asturias.

 

     También hay playas, hay paisajes espectaculares, un buen clima, la mitad de calor que aquí abajo en el sur, y unas ciudades preciosas con mucha historia entre sus muros. 

 

     Ahora que ya han pasado un tiempo desde que regresé, sin la euforia del viaje y las fotos ordenadas reposando en el disco duro, me siento a contaros que tal me fue, y para no saturar, iré por partes. 

 

     Primer destino. Burgos. La intención era pasar allí una noche, es decir, día y medio, el tiempo necesario para visitar la ciudad. Desde Sevilla, se puede viajar a Burgos en tren con relativa comodidad, un AVE hasta Madrid, y allí un transbordo desde Atocha a Chamartín para seguir el camino de las vías del tren hasta Burgos.

 

     Burgos merece mucho la pena. Todo gira en torno a su Catedral y su Castillo, ahora y desde siempre a lo largo de su historia. Os recomiendo que os alojéis en cualquier hotel cercano a su Catedral, porque estaréis en el epicentro de cualquier paseo que queráis dar.

 

     Nosotros llegamos a media tarde al hotel y descansamos un par de horas antes de salir a la calle a visitar la el castillo. No hay pérdida, el Castillo de Burgos domina la ciudad desde lo alto del Cerro de San Miguel, así que  si queréis visitarlo no hay mas remedio que subir un par de cuestas. Si por casualidad se os acaban de quitar las ganas de subir cuestas, os voy a convencer, desde el cerro tenéis las mejores vistas de la ciudad desde el Mirador del Castillo. ¿Ahora si? ¿Os animáis con las cuesta?, no son muchas, hacedme caso.  Por supuesto, por el camino hay iglesias, capillas y calles con encanto, recordad disfrutar del paseo.

 

     Desde el mirador, bajando de nuevo hacia la Catedral, junto a ésta se despliega la plaza Rey San Fernando y de aquí, cruzando bajo el Arco de Santa María desembocamos en el Paseo del Espolón y el río Arlanzón. He de decir, que a pesar de las buenas temperaturas del norte, los dos días de Burgos se registraron temperaturas de treinta grados así que pasear al caer la tarde por este paseo junto al río resultó bastante refrescante.

 

 

     Al día siguiente, la visita principal fue la Catedral de Burgos. Una de las mejores Catedrales que tenemos en España y declarada Patrimonio de la Humanidad en 1984. Merece la pena dedicar al menos un par de horas en visitar el interior, sus capillas, escuchar y ver al papamoscas tocar la campana cada hora, sentarse bajo el cimborrio en la Capilla Mayor, admirar la Escalera Dorada y la Capilla del Condestable, etc... Tristemente, su famosa girola sufre la enfermedad de la piedra, y actualmente se encuentra semi protegida con paneles y no se puede admirar en todo su esplendor. La visita a la Catedral termina en el Claustro para salir de nuevo a la Plaza de San Fernando. En el camino de salida, en los bajos de la Catedral, pasa casi desapercibida una pequeña sala en la que se proyecta un breve vídeo sobre la evolución arquitectónica de la Catedral a lo largo de la historia. Son apenas siete minutos y seguro os ayuda a entender la estética actual del conjunto. 

 

     Las últimas horas de visita las apuramos en pasear de nuevo por las calles cercanas. Una cosa curiosa es que en sitios totalmente al azar hay estatuas de bronce que salpican de espontaneidad  la calle y representan escenas totalmente cotidianas...una anciana haciendo castañas, una pareja de ancianos, un peregrino sentado, un policía, una mujer con paraguas, etc...

 

      Antes de despedirme hasta la siguiente entrada del blog, os recuerdo que Burgos, además de templos e historia tiene morcilla, con arroz. Si existieran las 8 maravillas de la gastronomía, la morcilla de Burgos debería ser una de ellas. En la calle de Laín Calvo que parte desde la Plaza de San Fernando junto a la Catedral existen varios comercios en los que podéis encontrar unas morcillas exquisitas. Que os suba el colesterol en sangre nunca supo mejor. 

 

 

 

 

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