CABÁRCENO Y SANTILLANA DEL MAR

03/01/2018

     Hace tiempo (meses) empecé a contaros que tal me fue éste verano viajando por Cantabria y Asturias. Y ahí me quedé, hablando de Burgos sin continuar con el viaje. Pero bueno, si somos capaces de aguantar mas de un año sin ver la nueva temporada de Juego de Tronos, esto no es para tanto.

 

     Para refrescar la memoria, aquí tenéis el anterior artículo hablando del comienzo del viaje: https://www.fotosantiagomolina.com/single-post/burgos

 

     Siguiendo con el viaje, desde Burgos y durante el resto de días nos movimos con coche de alquiler.

 

     En un principio, pensamos en buscar alojamiento en Santander, y desde ahí movernos a los distintos sitios que teníamos intención de ver, pero pensando un poco en la idea, nos dimos cuenta que era un poco absurda. Tan sólo hubo que valorar la cantidad de tiempo que se perdía para entrar o salir de Santander y la preocupación de aparcar el coche todos los días. No hizo falta pensar mas. Así que buscando alojamiento en pueblos cercanos, encontramos la Posada El Valle, en Ongayo, a apenas treinta minutos de Santander y muy bien situado con respecto al resto de lugares que queríamos visitar.

 

     Desde ahí y durante los días siguientes nos íbamos desplazando a cada destino. Es la mejor opción sin duda. 

 

     El primer día en Ongayo lo tomamos con calma. Destinos muy cercanos. Primero Cabárceno y Santillana del Mar a la vuelta.

 

     Desde Ongayo a Cabárceno hay escasos treinta minutos. El parque tiene creo recordar un par de accesos, y si bien es cierto que puedes reservar las entradas con antelación, que yo recuerde, la cola es la misma. Es decir, el tiempo de espera no te lo ahorras. Eso sí, te garantizas la entrada al parque evidentemente, pero llegando a primera hora, no debe haber problemas para entrar salvo invasión de turistas asiáticos.

 

     El parque en si mismo es enorme, tiene una extensión que para caminarla a pie te puedes pegar unas cuantas horas, y por supuesto puedes hacerlo. Pero por suerte dentro del recinto hay carriles por los que circular con tu propio vehículo y parar en zonas habilitadas, por lo que puedes ahorrarte mucho tiempo para ir de un sitio a otro, y aprovecharlo para disfrutar viendo los animalillos.

 

     Antes de comenzar la visita, desplegad bien el mapa que os entregan al entrar y planificad la visita lo mejor posible. Lo digo porque los carriles son de sentido único, y si no os pasáis del sitio, es posible que para volver al mismo punto del parque haya que darle casi la vuelta entera al mismo. 

 

     Ya os aviso que eso de ver todos los animales que están allí es complicado. ¿Recordáis esa escena de Jurassic Park donde están visitando el parque y se paran frente a la jaula del T-Rex, pero no aparece por ningún lado? Pues algo asi os puede pasar en determinados sitios del parque, pero sin la parte donde los animales se escapan y devoran a la mitad del público.

 

     Hay recintos de animales que son tan grandes que es posible que encontréis a Wally antes que ver criatura  alguna entre los árboles. Y eso que al menos cada animal está en su recinto disfrutando de la semi-libertad del parque.

 

     Tomándose uno la visita con calma, fácilmente se puede pasar medio día allí metido. Hay quien se lleva sus bocadillos y se sienta en zonas de merenderos a comer, aunque también hay un par de bares dentro del parque donde reponer fuerzas.

 

     En cualquier caso, hagáis lo que hagáis seguro que os resulta una visita mas que agradable. 

 

     A la vuelta, antes de llegar a Ongayo y casi sin hacer mucho desvío en la ruta paramos en nuestro siguiente destino, Santillana del Mar. 

 

     Conocido como el pueblo de las tres mentiras, ya que ni es "santa", ni "llana" ni tiene "mar". Yo os digo que no me importaría quedarme a vivir allí un tiempo. Entrar en su núcleo histórico es como viajar en el tiempo sin necesidad de máquina. Para mi gusto, fue una suerte visitar el pueblo cuando se estaba cerrando la tarde en nubes y llovizna, con una humedad que lo iba envolviendo todo. Simplemente me encantó disfrutar de ese clima en Santillana del Mar.

     Justo a la entrada de su zona histórica, en la Plaza Gándara, está la oficina de turismo, y no es mala cosa eso de entrar a que te informen un poco sobre qué ver y de paso coger un mapa. Yo particularmente soy muy de mapas de papel, ya se que con las tecnologías cada vez hace menos falta tener información impresa en la mano, pero un mapa...un mapa es un tesoro. Consultando los sitios que vas a visitar en un mapa te haces mejor con la ubicación de los monumentos y las calles, y simplemente por memoria asociativa, a la hora de recordar el viaje, el mapa ayuda mucho a recordar las calles que pisamos. Llamadme antiguo, pero soy muy fan de los mapas. 

 

     Si no os he recomendado todavía que uséis calzado cómodo, sin duda es el momento de hacerlo. Usad calzado cómodo. Sobretodo si el suelo es de piedra. En Santillana del Mar, donde quiera que miréis, todo tiene unos cuantos años o unos cuantos siglos de antigüedad, y eso, ya os repito que me encanta.

 

     Justo desde la Oficina de Turismo, continuando por la calle Jesús Otero desembocaréis en la Fuente Calle del Río, y estaréis ya frente a la Colegiata de Santa Juliana. Digamos que esa plaza y esa colegiata fue el epicentro desde el cual el pueblo se desarrolló. Frente a la fuente, está el obrador Casa Quevedo donde por dos euros te tomas un vaso de leche y un sobao o una quesada que saben a gloria. 

 

     Desde aquí, simplemente pasead. Disfrutad de cada casa, balcón, de cada calle y cada plaza. Merece mucho la pena perderse un poco por el pueblo. Es tan pequeño que en cuanto os perdáis un par de veces por diferentes calles ya lo habréis visitado entero. 

 

     Debo recordar que muy cerca de Santillana del Mar, a unos dos kilómetros, están las cuevas de Altamira.  ¿No hace falta destacar la importancia de estas cuevas ni el reconocimiento internacional que tienen verdad?. Pues bien, no fuimos. Visitamos una cueva, pero no esa. Ya os contaré.

 

     Ya de vuelta, en 10 minutos mal contados estábamos de nuevo en Ongayo.

 

     Continuará...

 

 

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