HISTORIA DE UNA FOTO

30/03/2017

He de decir que yo hoy, a esta hora, debería estar vestido con mi traje de chaqueta hecho a medida por los mejores sastres de Paris recogiendo un premio en un salón de actos abarrotado, coreando mi nombre. Pero no ha podido ser así. Y realmente es una pena.

 

Dicho esto y rompiendo así el hielo con tal desvergonzada ironía, me veo obligado a escribir, y como se dice en los debates, responder por alusiones a un hecho y una polémica en la que me he visto envuelto en estos días.

 

Y como toda buena crónica, hay que remontarse al verdadero comienzo de la historia.

 

 Veintidós de Febrero del año dos mil quince. Día en que se celebra la Maratón de Sevilla. Una carrera que he vivido desde dentro como corredor y finisher, y disfrutado desde fuera como otro aficionado más.  No sé a quién corresponde la frase “para fotografiar algo bien debes conocerlo” pero en algún artículo fotográfico lo leí hace ya tiempo y no puedo estar más de acuerdo.  En el deporte, entre otras facetas fotográficas, aplico esta máxima, y es que fotografío aquello que conozco. Ese año al igual que otros, salgo muy temprano hacia la zona de salida de la carrera, voy caminando junto a otros corredores que se dirigen a las inmediaciones de la cartuja y por momentos tengo la sensación de ser yo el que fuera a correrla de nuevo, pero no. Voy abrigado, con zapatos cómodos y mi cámara de fotos.

 

Son las 7:00 AM y a falta de una hora para que más de doce mil personas se echen a correr, yo ya llevo unas cuantas fotos hechas. Me gusta estar cerca de la salida para fotografiar ese ambiente previo porque en cada foto que hago se notan los nervios, el respeto e incluso el miedo en las miradas de algunos corredores. Cuarenta y dos kilómetros no es algo a lo que enfrentarse de cualquier manera. Me gusta como os digo estar por allí antes de la salida porque busco a esos típicos corredores que merecen una pizca más de admiración que el resto. La carrera comienza y yo sólo espero poder volver a ver dentro de algunas horas y muchos kilómetros algunos rostros que ya se me han quedado grabados en la zona de salida.

 

Me muevo por puntos clave del recorrido y el reguero de corredores es incesante aunque como ocurre con los ríos bravos, llega un momento en que una vez superas los rápidos, llegan las aguas más calmadas. Esos héroes sin capa que se aferran al asfalto en cada zancada, los que no tendrán un gran tiempo al cruzar la meta pero que se suelen llevar las mayores ovaciones del público. Ahí generalmente están las mejores fotos. Sus caras de verdadero sufrimiento, los que se motivan con la propia música que escuchan con el mp3 o buscan el ánimo de cualquier grupo de espectadores durante la carrera. Pero están los que corren como si el tiempo no les importase, los que entienden que para correr no es necesario tener las mejores zapatillas ni la ropa más extravagante. Hay corredores que inspiran sólo con verles enfrentarse a cada metro de terreno que ganan. Su actitud les hace llegar a meta sin derrumbarse ni mostrar signos de vencimiento. Los hay que sólo verles correr te hacen sentir un vuelco al corazón.

 

Entonces llegó él. Otro corredor anónimo, pero diferente al resto. Su edad presumiblemente avanzada, su pelo blanco, su mirada clavada en el suelo, como si estuviera concentrado en su próximo paso…y una bandana atada en su frente con el lema “Si Se Puede”.  Andaba ya por el kilómetro 38, por la calle Trajano, cerca de llegar a la Alameda de Hércules, lo ví aparecer al final de la calle sin apenas corredores a su alrededor y lo tuve claro. Esperé a que se acercase y sólo me importó su rostro y el mensaje sobre su frente. No quise meter en mi encuadre ningún otro elemento que pudiera distraer al ver la foto. Sólo él y la lección de vida que representaba.

 

La foto me pareció tan sencilla y potente a la vez, que al día siguiente la publiqué en mi Instagram con el título “Es cuestión de actitud”.  Aquí la veis.

 

 

Semanas más tarde se dió a conocer el fallo del jurado del concurso fotográfico de la Maratón, y el protagonista era ese mismo corredor anónimo. Un encuadre más abierto donde se le veía a él y otros corredores difuminados a sus espaldas. Era obvio que cualquier otro fotógrafo al verle no dudase en hacerle una foto. He fotografiado muchas competiciones deportivas más duras incluso que una maratón, y hasta la fecha, no he hecho ninguna foto con un mensaje tan poderoso como aquella.

 

Mi foto se quedó ahí, en mi instagram. No la presenté a ningún concurso y desde entonces ha estado “guardada en el cajón”. Hasta el pasado mes de febrero en el que el Instituto Ceutí de Deportes junto a la Asociación Fotográfica Miradas convocan el I Concurso de Fotografía Deportiva de Ceuta. El tema del concurso y las fotografías a presentar debían versar sobre los valores del deporte: la superación, el respeto, la cooperación, etc… Mi mente automáticamente se fue a esa foto de hace tres años. No había entre mis discos duros otra foto que representase unos valores tan fuertes como la de ese corredor anónimo.  Así que la presenté junto a otra de un padre muy conocido en Sevilla que ha llegado a correr en Nueva York junto a su hijo con discapacidad.

 

Esperé como en todo concurso a la decisión inapelable del jurado que sería el 18 del presente mes. La fecha llegó y al no tener noticias, deduje que no hubo suerte.  Cuál fue mi sorpresa cuando el martes 21 de Marzo llego a mi casa y me encuentro con la noticia en prensa digital de que mi foto ha resultado ganadora del concurso de fotografía. Rápidamente investigo un poco y veo que la noticia ya ha sido compartida en otros medios de comunicación de la ciudad.

 

Tras ese breve momento de euforia inicial me asalta la siguiente pregunta “¿Cómo es posible que nadie me haya comunicado personalmente esta noticia antes de hacerla pública?”.

 

Por suerte he ganado algún que otro concurso y siempre he recibido noticias de la organización en los días previos a hacerse pública la noticia, más aún cuando existe una gala de entrega de premios a la que asistir.  En ese primer momento en el que comienzo a recibir notificaciones de Facebook y felicitaciones, me sorprende que la organización de un concurso funcione así pero confío en que quizás en los días posteriores, recibiría algún tipo de contacto.

 

No llegaron a pasar ni dos horas tras la noticia en prensa cuando un periódico de la ciudad publicó su particular artículo. Parecía más una nota escrita en un muro de Facebook que un artículo de prensa. En ese artículo se decía en un par de párrafos poco menos que mi foto era un plagio, y que tras saberse la foto ganadora de la maratón de Sevilla de 2015 yo presenté mi foto similar a este concurso usando la misma técnica de blanco y negro. No estaba descubriendo el fuego, y quizás si en el ejercicio de su profesión hubiera tenido a bien informarse o al menos ponerse en contacto con el autor de la foto (o sea yo) quizás le hubiera contado parte de esta historia y por qué hice esa foto. El autor del artículo se lamentaba además de que la foto no estuviese hecha en Ceuta. Por suerte, los valores del deporte no entienden de geografía, sexo o idioma, y las bases del concurso no citaban limitación geográfica alguna para las fotos presentadas.

 

A partir de ese momento, algunos comentarios en los que me felicitaban se editaron y pasaron a lamentar igualmente que la foto no estuviera hecha en Ceuta. Es una pena que mi foto comenzase a ser valorada mas por la ubicación donde se hizo que por el mensaje que transmitía.

 

En los días sucesivos la ausencia de contacto con el “más allá” continuó y no recibí ningún tipo de correo, llamada, aviso o mensaje privado por ninguna de las partes organizadoras del concurso. Ni el Instituto Ceutí de Deportes ni la Asociación Fotográfica Miradas. Entiendo que haber sido nombrado en una publicación de Facebook tuvo que ser suficiente para la organización y me consideraron como avisado.

 

El tiempo pasaba y a pesar de no haber sido avisado todavía por nadie, mi obligación era acudir a la gala de entrega de premios ya que no hacerlo hubiera sido una falta de respeto hacia la propia organización y el resto de participantes y finalistas. Pero curiosidades de la vida, mientras yo pensaba esto que os cuento, la organización recibía varios avisos anónimos alertando de que mi foto incumplía las bases del concurso.  Y yo que creía que para hacer una reclamación oficial se debería al menos exigir nombres y apellidos. Qué iluso.

 

Días más tarde, el pasado martes 28 de Marzo, en torno a las diez de la mañana, recibo una llamada de Onda Cero Ceuta para solicitar mis declaraciones. Habían retirado mi premio del concurso y de nuevo, me estaba enterando por la prensa.

 

Llegados a ese punto no me podía esperar ya nada más de la organización. Primer error, haber participado en un concurso con unas bases pobres y poco explícitas.

 

Me descalificaban y por tanto me retiraban el premio por incumplir la norma de que la foto debía ser inédita, y es que la organización se agarró a que mi foto estaba publicada en mi galería web y por tanto dejaba de ser inédita. Y no lo niego, la foto estaba y estará en mi galería web.

 

Segundo error, basarme en mi propia experiencia en otros concursos en los que se exigía el mismo carácter inédito de una foto. Entendí que, al igual que esos otros concursos, la foto presentada no debía haber participado en ningún otro concurso ni mucho menos haber sido premiada como era mi caso.

 

Tras hablar con Onda Cero Ceuta, y leer la nota de prensa que se publica en la página de la Asociación Fotográfica Miradas, leo que se ha atendido a varios avisos anónimos, como os dije antes, y que por tanto se solicitó el informe pertinente a la entidad organizadora que pasó a retirarme el premio.

 

Ese mismo día, horas más tarde, a las 19:19 recibo el primer contacto de parte de la supuesta organización del evento, el Instituto Ceutí de Deportes, en el que se me informa que se me retira el premio. Digo supuesta organización porque tras contestar severamente a ese correo, recibo réplica en la que se me informa que mi mensaje se lo han trasladado a la organización del concurso. Ahí ya pierdo la verdadera pista sobre quién ha organizado qué.

 

Haber declarado por la radio que la organización del concurso ha sido nefasta supongo que les sirvió de estímulo para escribirme ese correo.

 

Tras haber sufrido el poco rigor de todo este proceso, y tras volver a leer de nuevo las bases, me doy cuenta de una en especial, aquella que dice que  “En caso de que no hubiera participantes, o el designado ganador (o suplentes en su caso) no cumplieran los requisitos establecidos en estas bases, o la organización juzgara que la participación no ha sido suficiente o de calidad insuficiente, el premio correspondiente se declarará desierto.” Entiendo por tanto, que una vez he sido designado ganador, al no cumplir los requisitos establecidos en las bases, el premio correspondiente debe quedar desierto, y así se lo hago saber a la organización.

 

Tercer error, pensar que la organización me va a hacer caso tras haberme ignorado en todo este tiempo. Vaya, quizás debiera haber enviado algún aviso anónimo. Por curiosidad, ¿cómo se manda un aviso anónimo? ¿Se manda una carta sin remitente escrita con recortes de revistas? ¿Se hace uno un perfil falso de Facebook? ¿O se compra una tarjeta de prepago con un número móvil al azar para mandar un sms de alerta? No sé, me da pereza ser tan cobarde.

 

Para terminar, tras soltar toda esta parrafada, me encuentro aquí sentado frente al ordenador, en un cuarto oscuro con la única luz del monitor alumbrando mi silueta, con mi triste traje de chaqueta colgado de una percha esperando una nueva oportunidad para ser lucido, planteándome el verdadero sentido de la vida.

 

Me quedo con lo positivo, y es que mi foto obtuvo la mayor puntuación posible del concurso. Quien tenga que venir, que lo iguale.

 

Creo que para superar esta profunda depresión, lo mejor que puedo hacer es salir a fotografiar. Está la tarde para hacer alguna larga exposición, algo melancólico, anclar la mirada en algún punto indefinido del horizonte mientras pasan los minutos y se hace la foto, no se, quizás haga hoy la mejor foto del año.

 

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