ME CAMBIÉ A FUJIFILM

26/11/2018

     De entre todos los cambios que he hecho en esta nueva temporada, la gran mayoría son inapreciables. Todos excepto uno, el más importante y el que me ha llevado más tiempo decidir.  

 

     Todos los años que llevo como fotógrafo aficionado y ahora como profesional, siempre he trabajado con un equipo Canon, hasta llegar a tener el mejor equipo posible. Cuando comencé a dar mis primeros pasos, soñaba con ciertas cámaras, pero no me imaginaba tenerlas en las manos, hasta que pude hacerlo. 

 

     He trabajado en ésta última etapa con una Canon 5DmkIII y una 7DmkII, junto a las ópticas 17-40 f4, 24-70 f2.8, 70-200 f2.8 y un 50 f1.4. No necesitaba más, pero tampoco me bastaba con menos. Trabajaba con todas las ópticas, cada una tenía su función y creo sinceramente haber exprimido al máximo las prestaciones de mi equipo. 

 

     No podré decir una sola pega al respecto de éste equipo, ni una. Sus prestaciones, la garantía y seguridad que me aportaban en el trabajo, la fiabilidad, calidad de imagen, etc... el listón estaba muy alto y por eso, plantearme un cambio completo de equipo era algo que debía tener muy claro, saber cuáles serían las ventajas y los posibles inconvenientes.

 

     Desde que Fujifilm sacó el sistema X con su X100 ya me despertó la curiosidad, y cuando hizo lo propio con la XT-1 consiguió el 100% de mi atención.

 

     Una cámara elegante en su diseño, discreta, más pequeña, y con una calidad y prestaciones a las que le veía una buena utilidad para mi trabajo. Pero aún era pronto, viendo reviews en ciertos canales de Youtube, entendía que todavía no era momento de incorporarla al equipo, aún no daba la talla.

 

     Pero el camino que abría Fuji me gustó enormemente, fui trasteando el sistema y el manejo de la XT-1 mientras esperaba impaciente el siguiente salto de calidad.

 

     Hasta que llegó la X-Pro2 y la T2. Era el momento de planteármelo seriamente. ¿Los puntos que más me preocupaban? El enfoque y la batería. El enfoque debía ser al menos igual de bueno que lo que manejaba anteriormente, en mi trabajo no puedo permitirme el lujo de perderme una sola foto, sobre todo cuando hago desfiles de moda o deporte. Y la batería, el gran talón de Aquiles de estos nuevos sistemas. Hay que compréndelo, desde que se enciende la cámara se está gastando la batería. Es como si una réflex funcionase en todo momento con el LiveView, a ver si le dura tanto la batería entonces.

 

     Decidí vender hace ya un año y pico, mi Canon G1X Mk II, una compacta con la que estaba realmente contento y que siempre llevaba en el bolso. Lo hice para comprarme la X-Pro2 y comenzar a incluirla en mi flujo de trabajo, utilizarla en situaciones reales, probar el rendimiento, la calidad, forzarla, etc…

 

     A veces pienso que ya estaba convencido del cambio antes incluso de comprarme la X-Pro2. Sólo era cuestión de encontrar el momento más adecuado para vender todo mi equipo y hacer el cambio completo. Ésta era la parte más difícil, ya que no me podía permitir quedarme sin cámaras durante gran parte del año, porque eso me impediría trabajar. Así que esperé al verano, cuando no hay tanta faena que acometer.

 

     Lo vendí todo, y lo sustituí por lo equivalente en Fuji. Y desde entonces vengo disfrutando por completo de la experiencia Fujista.  Y para no aburriros demasiado leyendo la parrafada del por qué, prefiero aburriros hablando en vídeo. 

 

    Aprovechad el vídeo que puede que sea el último.

 

 

 

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