UN PASEO POR EL MUSEO DEL LOUVRE

25/05/2018

     París tiene mucho que ver, muchísimo. Da para pasar unos cuantos días en la capital francesa y aún así, regresar a casa con ganas de volver a seguir descubriendo la ciudad.

 

     Monumentos, parques, calles, espectáculos, vida social, y arte, mucho arte. Londres tiene la National Gallery, en Madrid tenemos el Prado, y París tiene el Louvre. La capital francesa tiene el privilegio de albergar uno de los mejores museos de toda Europa y un grandísimo tesoro en su interior.

 

     No habrá guía de viaje que no recomiende la visita. Hay tanto que ver, que la mejor opción es llegar a primera hora de la mañana, con vuestra entrada ya sacada para evitar demasiadas esperas, y dedicar al menos una mañana completa a recorrerlo.  Una vez dentro la clave está en saber organizar bien la visita, porque hay tantos departamentos, pasillos, galerías, salas que es fácil despistarse. Todo el museo está organizado de manera temática, pintura, escultura, antigüedades romanas, griegas...etc... 

 

 

     Ser uno de los museos mas importantes del mundo le convierte en epicentro de visitas, mas de 9 millones al año. Así que haced el calculo de cuántas personas lo visitan cada día. No será un paseo tranquilo disfrutando de las obras de arte. Por momentos os sentiréis abrumados por las hordas de turistas asiáticos (los peores) que devorarán la sala donde estéis en cuestión de minutos. Llegarán, se harán sus selfies y se irán cumpliendo horario. 

 

     En mi opinión, es la parte negativa que se le puede sacar al museo. Esa masiva afluencia de público de los cuales, si os fijáis, la mayoría pasan por allí como maletas por la cinta del aeropuerto. A muchos les preocupa mas hacerse un selfie junto a la Venus de Milo o la Gioconda que detenerse a admirar el arte. Lo miran todo sin fijarse en nada. Una pena.

 

     Creo que toda esta afluencia masiva y ese "caos" en ciertas salas con tanto selfie y tantas manos levantadas fotografiando con el móvil se controlaría con una simple medida. Prohibir las fotografías en el interior del museo, o al menos en ciertas salas. De esta manera quizás se redujese la cantidad de gente que le importa poco el arte y sólo van a rellenar sus perfiles de instagram. 

 

     Pero para mi, siendo egoísta, visitar el Louvre y poder fotografiar me permitió disfrutar de una experiencia única. Acercarme a cada obra y sacar de ella un detalle único. Volver a casa con un pedazo de obra maestra. Se trataba de hacer un ejercicio de composición sobre la obra de arte. De un todo, abstraerme en una parte.

 

     Ya lo había hecho antes en el Museo de las Bellas Artes de Sevilla y me ilusionó mucho saber que podría hacerlo en el Louvre. Conocía muchas de las obras que iba a ver lo cual era una ventaja. Dejé mi mochila en la consigna del museo y simplemente me dediqué a disfrutar de todas las salas que pude en las horas que estuve allí.

 

     Evidentemente para realizar este tipo de fotos, se necesita un teleobjetivo para acercarse al cuadro y a partir de esa distancia casi mínima de enfoque abusar del zoom hasta encuadrar y aislar los detalles del cuadro. 

 

     Al salir de allí,  tuve la sensación de no haberme dejado una sola foto por hacer. Esa era mi idea. ¿El resultado? Aquí os muestro una pequeña selección. 

 

     ¿Qué os parece?

 

 

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